La obsesión por los kilómetros: ¿compramos coches o compramos numeritos?
Los kilómetros importan, pero el historial, el mantenimiento y el trato recibido cuentan mucho más de la vida de un coche. Una reflexión de GUVI Motors.
José · GUVI Motors
10/29/202612 min read


En España seguimos obsesionados con encontrar coches con pocos kilómetros. Mientras tanto, nos olvidamos de algo mucho más importante: cómo se han cuidado esos coches durante toda su vida.
Hay algo que llevo observando desde hace años en el mundo del automóvil y que, sinceramente, cada día me sorprende más.
Cuando una persona se interesa por un coche de segunda mano, normalmente las primeras preguntas son siempre las mismas:
«¿De qué año es?»
«¿Cuántos kilómetros tiene?»
«¿Y son reales?»
Hasta aquí, perfecto. Son preguntas completamente razonables.
Pero ¿sabéis cuál es el problema?
Que muchas veces la conversación prácticamente termina ahí.
Parece que todo el valor de un automóvil estuviera concentrado en los seis números que aparecen en el cuadro de instrumentos.
Da igual que tenga un historial de mantenimiento impecable, que haya pasado todas sus revisiones, que tenga una mecánica cuidada o que su propietario haya invertido miles de euros en mantenerlo correctamente.
Si tiene 170.000 kilómetros, ya es viejo. Si tiene 79.000, es una maravilla.
Y yo me pregunto: ¿desde cuándo el estado de un coche se puede resumir en un numerito?
1. El coche de 80.000 kilómetros que puede estar peor que uno de 200.000
Imaginemos dos vehículos idénticos. Mismo modelo, mismo motor, mismo año y equipamiento parecido.
Vehículo A
80.000 km
Cinco años de trayectos cortos, revisiones retrasadas, aceite cambiado cuando se acuerda el propietario, pequeños fallos pendientes y un mantenimiento sin documentar.
Vehículo B
190.000 km
Principalmente autopista, mantenimientos al día, facturas conservadas, revisiones documentadas y reparaciones realizadas cuando correspondían.
Ahora viene la pregunta del millón.
¿Cuál de los dos coches comprarías?
Muchísima gente elegiría directamente el primero. Ni preguntaría por el segundo.
Y, sin embargo, el segundo podría encontrarse en mejores condiciones mecánicas.
Que quede claro: no estoy diciendo que los kilómetros no importen. Por supuesto que importan. Hay desgaste, fatiga de materiales y componentes con una vida útil determinada.
Lo que digo es que los kilómetros cuentan cuánto ha circulado un coche, pero no cuentan cómo lo han tratado.
Y esa diferencia puede costarte miles de euros.
2. España: la extraordinaria habilidad de alargar los mantenimientos
Aquí voy a tocar un tema que seguramente no gustará a todo el mundo.
En España tenemos excelentes profesionales, talleres magníficos y propietarios que cuidan sus vehículos como auténticas joyas.
Pero también existe una cultura bastante extendida de reparar solamente cuando algo deja de funcionar.
El fabricante recomienda cambiar el aceite a determinados kilómetros.
«Bah, todavía aguanta otros diez mil».
El coche empieza a hacer un ruido.
«Sube la radio, que no se escucha».
Se enciende un testigo.
«Mientras ande, no pasa nada».
Hay que cambiar los neumáticos.
«Aguántalos hasta después del verano».
Y cuando aparecen unos plásticos sueltos en el paso de rueda...
«¡PACO, PONLE UNAS BRIDAS, QUE ESO AGUANTA!»
¡Y vaya si aguanta! Hasta que llega el siguiente propietario y descubre una colección de bridas, tornillos que no corresponden, pestañas rotas y reparaciones improvisadas.
Porque esa es otra: reparar no siempre significa reparar correctamente.
Hay piezas que deben sustituirse, componentes que deben revisarse y averías que conviene solucionar antes de que provoquen otras más graves.
No todo se arregla con cinta aislante, silicona y dos bridas.
Y ojo, no siempre es dejadez. Muchas familias estiran las revisiones porque sencillamente no les llega el dinero. Mantener un coche cuesta, y mucho. Eso también hay que comprenderlo.
Pero desde el punto de vista de quien compra ese vehículo usado, el resultado es el mismo: un mantenimiento aplazado puede convertirse en una factura importante.
3. Alemania: una cultura de mantenimiento que merece la pena conocer
Después de viajar en numerosas ocasiones a Alemania para comprar vehículos, hay algo que me llama especialmente la atención.
Muchos de los coches que examinamos vienen acompañados de documentación que permite reconstruir buena parte de su vida.
Libros de mantenimiento, historiales digitales, revisiones en concesionarios oficiales, facturas y operaciones realizadas con sus correspondientes fechas y kilometrajes.
Es habitual encontrarse anuncios con expresiones como:
Scheckheftgepflegt: vehículo con libro o historial de mantenimiento.
Lückenloses Scheckheft: historial de revisiones sin interrupciones documentadas.
Service bei Audi, Mercedes-Benz o BMW: mantenimientos realizados en la red indicada.
Y para nosotros esa información tiene mucho valor.
Ahora bien, hay un matiz fundamental: que un vendedor anuncie un coche como Scheckheftgepflegt no significa automáticamente que haya realizado absolutamente todos los mantenimientos.
El propio ADAC recomienda solicitar facturas y comprobar los registros, especialmente cuando el historial es digital.
Por eso nunca debemos comprar un coche solamente porque lleve una pegatina de un concesionario oficial.
Lo importante es que el historial pueda comprobarse.
Mi experiencia comprando en Alemania es que encontramos con frecuencia unidades con una trazabilidad de mantenimiento muy interesante. Y cuando coincide con un buen estado real del vehículo, se convierte en un argumento de compra muy importante.
Pero tampoco vamos a idealizar Alemania.
Allí también existen coches descuidados, averías ocultas, accidentes reparados y vehículos que no conviene comprar.
La nacionalidad del coche no es una garantía. Su estado y su historial son lo que realmente importan.
4. El misterio de las dos llaves: ¿dónde desaparecen?
Hay una curiosidad que siempre me hace gracia cuando compro coches en Alemania.
En mi experiencia, una proporción altísima de los vehículos que revisamos conserva sus dos llaves originales.
Y entonces regreso a España y me hago una pregunta:
¿Dónde demonios están todas las segundas llaves de los coches españoles?
Porque parece que aquí tenemos un agujero negro que se las va tragando.
«Solo tengo una».
«La otra la tenía mi mujer».
«Se perdió en una mudanza».
«El antiguo dueño no me la dio».
Y ojo, perder una llave no significa que el coche esté mal mantenido. Ni mucho menos.
Pero son esos pequeños detalles los que pueden decirnos algo sobre cómo se ha conservado un vehículo y toda su documentación.
Una segunda llave no demuestra que el motor esté perfecto, pero sí representa un elemento de equipamiento que tiene valor y cuyo reemplazo puede costar dinero.
Lo curioso es que un comprador puede discutir durante media hora por 5.000 kilómetros de diferencia y no preguntar siquiera si el coche tiene sus dos llaves.
¡Prioridades!
5. El fraude de los kilómetros: nosotros mismos hemos creado el negocio
Aquí viene una de las mayores contradicciones del mercado de segunda mano.
Nos obsesiona tanto comprar un coche con pocos kilómetros que hemos convertido esa cifra en uno de los mayores argumentos comerciales.
Y cuando una cifra determina cuánto vale un producto, siempre aparece alguien dispuesto a manipularla para ganar dinero.
Pensemos en esto.
Tenemos dos coches idénticos.
Uno marca 185.000 kilómetros y se anuncia por 12.000 euros.
El otro marca 89.000 kilómetros y se anuncia por 14.500 euros.
¿Cuál recibe más llamadas?
Probablemente el segundo.
¿Y qué pasa si alguien descubre que alterando electrónicamente el kilometraje puede transformar un coche difícil de vender en otro mucho más atractivo?
Pues que hemos creado un incentivo económico para el fraude.
La obsesión por comprar pocos kilómetros termina beneficiando precisamente a quienes manipulan los cuentakilómetros.
Y no hablamos de una leyenda urbana.
El Parlamento Europeo ya advertía en 2018 sobre el impacto económico de estas prácticas, especialmente en operaciones internacionales. Citaba estudios que estimaban la manipulación entre el 5 % y el 12 % de las ventas nacionales y entre el 30 % y el 50 % de las transfronterizas. Son estimaciones históricas, no porcentajes actuales que podamos aplicar a cualquier coche importado.
Por su parte, el índice de transparencia de carVertical muestra un 4,54 % de cuentakilómetros alterados entre los vehículos españoles incluidos en su base de comprobaciones. Es una muestra de coches consultados en su plataforma, no de todo el parque automovilístico español.
Por eso hay que comprobar los kilómetros, evidentemente.
Pero también debemos cambiar nuestra mentalidad.
Es preferible comprar un coche con 180.000 kilómetros reales, demostrables y bien mantenido que uno con 90.000 kilómetros que únicamente existen en el cuadro de instrumentos.
6. «Está todo recién cambiado». ¡Qué casualidad!
Esta es otra de las maravillas que encontramos en los anuncios de vehículos de ocasión.
Ves un coche anunciado por 4.500 euros y empiezas a leer la descripción:
«Distribución recién hecha».
«Embrague nuevo».
«Turbo cambiado».
«Frenos nuevos».
«Neumáticos nuevos».
«Suspensión recién sustituida».
«Revisión completa».
«Batería nueva».
¡Madre mía! ¡Si parece que le han cambiado hasta el ambientador!
Y aquí llega la pregunta que me hago muchas veces.
¿Cómo es posible que algunos coches tengan supuestamente más dinero invertido en reparaciones recientes que el precio por el que se están vendiendo?
Porque cualquiera que haya pasado por un taller sabe lo que cuesta sustituir un embrague, un turbo, una distribución o determinados componentes de suspensión.
Y no estoy diciendo que esos anuncios sean falsos.
Hay propietarios responsables que reparan correctamente sus coches y después los venden por circunstancias personales, familiares o económicas.
Perfectamente posible.
Pero precisamente porque las reparaciones cuestan dinero, lo lógico es pedir documentación.
«¿Tienes la factura?»
«No, me lo hizo un amigo».
«¿Y la distribución?»
«La hizo el anterior propietario».
«¿Cuándo?»
«Pues no me acuerdo exactamente».
¡Fantástico!
Resulta que tenemos un coche con ocho reparaciones importantes realizadas, pero no sabemos cuándo, dónde ni quién las hizo.
Una reparación anunciada no es lo mismo que una reparación acreditada.
No se trata de desconfiar de todo el mundo. Se trata de dar a cada afirmación el valor que realmente tiene.
7. La avería que viene de camino… y el coche que sale a la venta
Hay otra situación que conocemos perfectamente quienes trabajamos con vehículos usados.
Un propietario empieza a detectar síntomas de una avería.
El cambio automático da algún tirón.
El embrague empieza a patinar.
El motor consume más aceite de lo habitual.
Se escucha un ruido en la distribución.
El aire acondicionado deja de enfriar correctamente.
O aparece de vez en cuando una luz de avería que desaparece al apagar el motor.
El propietario acude a un taller y recibe un presupuesto importante.
Y entonces surge la idea:
«Igual ha llegado el momento de cambiar de coche».
Hasta aquí, completamente legítimo.
El problema aparece cuando se decide vender el vehículo ocultando deliberadamente una avería conocida.
Porque entonces ya no estamos hablando de mantenimiento, sino de trasladar un problema a otra persona.
Y esto puede suceder tanto en España como en Alemania, entre particulares o profesionales.
Un coche puede estar aparentemente precioso, limpio, recién pulido y con unas fotografías espectaculares.
Pero las fotografías no nos enseñan el estado interno de la caja de cambios ni el desgaste de la distribución.
El brillo de la pintura no paga las averías mecánicas.
Y precisamente por eso una inspección adecuada antes de comprar resulta tan importante.
8. Los datos del TÜV alemán: allí también se averían los coches
No quiero convertir este artículo en una defensa ciega del mercado alemán. Sería injusto y, además, poco profesional.
El TÜV-Verband publicó en su informe de 2026 un análisis basado en aproximadamente 9,5 millones de inspecciones periódicas de turismos.
Fuente: TÜV-Report 2026.
¿Y qué nos enseña esto?
Que los coches alemanes también envejecen, sufren desgaste y presentan averías.
Que un coche haya circulado por Alemania no lo convierte en indestructible.
Y que cuanto mayor es su antigüedad, más importancia adquieren el mantenimiento, la reparación preventiva y las comprobaciones técnicas.
En realidad, estos datos refuerzan lo que llevamos defendiendo durante todo el artículo:
No basta con conocer los kilómetros. Hay que conocer la vida del vehículo.
9. La ITV pasada no significa que el coche esté perfectamente mantenido
Otra frase que escuchamos muchísimo:
«¡El coche está perfecto! ¡Tiene la ITV recién pasada!».
Estupendo. Es una información positiva.
Pero conviene aclarar algo.
La ITV comprueba determinados aspectos técnicos, de seguridad y medioambientales en el momento de la inspección.
No certifica que el fabricante haya visto cumplido todo su plan de mantenimiento.
Un coche puede superar una ITV y tener pendiente una distribución, un mantenimiento de caja de cambios, un cambio de aceite o determinadas operaciones preventivas.
Son cosas diferentes.
La propia DGT dispone de un informe completo de vehículos que permite consultar kilometrajes anotados, inspecciones, titulares y determinada información de mantenimiento disponible. También existe un libro electrónico al que se incorporan operaciones de los talleres participantes, aunque esa incorporación no es universal.
Por tanto, una ITV favorable es un dato útil. Pero no sustituye un historial de mantenimiento ni una revisión mecánica.
10. El coste invisible de no mantener un coche
Voy a poner un ejemplo sencillo.
Un propietario decide ahorrar dinero retrasando una revisión de mantenimiento.
Quizás ahorra 250 o 350 euros en ese momento.
Pero si ese retraso contribuye a una avería más grave, la reparación puede terminar multiplicando ese ahorro.
Y no solamente hablamos de motores.
Hablamos de líquidos de frenos que se deterioran, refrigerantes que pierden propiedades, correas envejecidas, neumáticos mal conservados, fugas que se agravan y pequeñas averías que terminan afectando a otros componentes.
No significa que cada mantenimiento retrasado vaya a producir necesariamente una avería.
Pero sí aumenta ciertos riesgos, y en ocasiones el ahorro inicial acaba saliendo muy caro.
También hay una cuestión de seguridad.
Los frenos, la dirección, los neumáticos y las suspensiones no son elementos decorativos.
De su correcto funcionamiento depende nuestra seguridad y la de los demás.
Mantener un coche no es gastar dinero porque sí. Es invertir en seguridad, fiabilidad y vida útil.
Y, cuando llegue el momento de venderlo, también estaremos ofreciendo al siguiente propietario algo importante: tranquilidad y documentación.
11. ¿Qué deberíamos preguntar realmente al comprar un coche usado?
En lugar de limitarnos a preguntar cuántos kilómetros tiene, deberíamos interesarnos por aspectos que permiten conocer su estado real.
• ¿Dispone de un historial de mantenimiento verificable?
• ¿Dónde se han realizado las revisiones y en qué fechas?
• ¿Cuándo se cambió el aceite y qué especificación se utilizó?
• ¿Tiene mantenimientos importantes próximos según el fabricante?
• ¿Se han realizado reparaciones relevantes y existen facturas?
• ¿Coinciden las lecturas de kilometraje con las inspecciones y los registros disponibles?
• ¿Cómo se encuentra la caja de cambios, la suspensión, los frenos y el sistema de refrigeración?
• ¿Dispone de las dos llaves originales y su documentación?
• ¿Tiene algún problema conocido pendiente de reparación?
• ¿Podemos verificar su estado antes de formalizar la compra?
Y, por supuesto, deberíamos preguntar cuántos kilómetros tiene.
Pero que sea una pregunta más, no la única pregunta.
12. Nuestra experiencia en GUVI Motors: buscamos coches, no simplemente cifras
En GUVI Motors trabajamos con vehículos de ocasión y con importaciones desde Alemania.
Eso significa que conocemos el trabajo que hay detrás de localizar una buena unidad, contactar con vendedores, comprobar documentación, desplazarse, inspeccionar vehículos y preparar su entrega.
Y hay algo que tenemos muy claro.
No queremos seleccionar un coche únicamente porque anuncie pocos kilómetros.
Nos interesa su conjunto.
Su procedencia, sus revisiones, su estado mecánico, sus posibles reparaciones, su equipamiento y la coherencia entre todos esos elementos.
Personalmente, valoro muchísimo encontrar un coche con historial documentado, facturas y revisiones realizadas correctamente.
También presto atención a detalles que otros pueden considerar insignificantes: el estado de los interiores, los mandos, las gomas, los plásticos, las llaves, el desgaste de los asientos o la conservación de la documentación.
Ninguno de esos detalles demuestra por sí solo que el coche esté perfecto.
Pero todos juntos ayudan a construir una imagen mucho más completa.
Y cuando hay dudas importantes, lo profesional es comprobarlas o descartar la operación.
Porque una buena compra no empieza buscando el coche que mejor queda en el anuncio.
Empieza seleccionando el vehículo que ofrece unas condiciones reales coherentes con su precio, su historial y su estado.
13. El verdadero problema no son los kilómetros. Es nuestra mentalidad.
Tenemos que dejar de tratar los 100.000 kilómetros como si fueran una frontera mágica.
Un automóvil no se convierte automáticamente en un problema cuando pasa de 99.999 a 100.001 kilómetros.
Tampoco un coche de 50.000 kilómetros es automáticamente una buena compra.
Cada vehículo tiene su propia historia.
Hay coches que han recorrido distancias importantes y han recibido un trato excelente.
Y hay vehículos que apenas han salido de la ciudad, han acumulado arranques en frío, trayectos de pocos minutos y revisiones pendientes.
Las dos cosas pueden influir considerablemente en su estado.
La cifra del cuadro debe ser real, verificable y coherente.
Pero no debería ser nuestra única preocupación.
Porque cuando únicamente premiamos al coche que anuncia menos kilómetros, también estamos castigando comercialmente a vehículos perfectamente válidos que han sido utilizados y mantenidos correctamente.
Y, de paso, ofrecemos una oportunidad a quienes quieren engañarnos.
14. Una reflexión para terminar
Imagínate que vas a comprar un coche y tienes delante a dos propietarios.
El primero te dice:
«Tiene solamente 75.000 kilómetros».
Le preguntas por las revisiones y no conserva ninguna factura. No recuerda cuándo cambió el aceite, tiene una sola llave y asegura que todo funciona perfectamente.
El segundo te dice:
«Tiene 165.000 kilómetros. Aquí están sus mantenimientos, las facturas, las inspecciones y las reparaciones realizadas. Puedes comprobarlo todo».
¿Cuál te inspira más confianza?
Yo tengo bastante clara la respuesta, aunque evidentemente después habría que comprobar ambos vehículos.
Y quizá ahí esté la diferencia entre comprar un coche por lo que aparenta y comprarlo por lo que realmente es.
En España necesitamos empezar a valorar más a quien cuida un automóvil correctamente y menos a quien simplemente presume de pocos kilómetros.
Porque el mantenimiento no siempre se ve en una fotografía.
Las revisiones no hacen que el coche parezca más bonito en un anuncio.
Y una factura de un mantenimiento importante puede que no impresione tanto como unas llantas deportivas.
Pero cuando llegan los problemas, esos papeles pueden llegar a valer mucho más que todo el brillo de la carrocería.
Así que la próxima vez que veas un vehículo anunciado con 180.000 kilómetros, no lo descartes automáticamente.
Pregúntate primero qué vida ha tenido.
Y cuando encuentres otro con 70.000 kilómetros, no des por hecho que es una joya.
Porque los kilómetros se pueden manipular. Las fotografías pueden embellecer la realidad. Las promesas se las lleva el viento. Pero un buen historial, una inspección rigurosa y un mantenimiento acreditado son argumentos mucho más sólidos.
Y una última cosa:
¡Paco, por favor, la próxima vez cambia el paso de rueda! ¡Que las bridas no son recambios originales!
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