«¡Me voy a Alemania a por un chollo!» — Lo que cuesta realmente importar un coche
Del billete de avión al último tornillo de la matrícula: viajes, trámites, preparación y gastos que muchos presupuestos se olvidan de contar.
José · GUVI Motors
10/29/202622 min read


Hay una nueva modalidad deportiva que está ganando adeptos en el mundo de la importación de vehículos.
No es la Fórmula 1.
No es el Campeonato del Mundo de Resistencia.
Ni siquiera las 24 Horas de Le Mans.
Se llama...
¡CAMPEONATO INTERNACIONAL DE IMPORTAR UN COCHE GASTANDO LO MENOS POSIBLE!
Y parece que algunos participantes están dispuestos a cualquier cosa para conseguir el récord mundial.
Dormir en el coche.
Comer bocadillos de gasolinera.
Viajar 18 horas sin descansar.
Ahorrarse un hotel.
Y presumir después de haber importado un coche desde Alemania por cuatro duros.
¡Fantástico!
El problema es que, cuando alguien quiere convertir esa aventura en un servicio profesional, las cosas cambian bastante.
Porque importar un vehículo desde Alemania no consiste simplemente en comprar un billete de avión, recoger unas llaves y conducir hasta España.
Detrás hay desplazamientos, gastos, trámites, riesgos, tiempo y muchísimas cosas que no aparecen en el precio del anuncio.
Hoy vamos a hacer un viaje imaginario desde Barcelona hasta Alemania para comprar ese supuesto chollo que hemos encontrado.
Y vamos a contar prácticamente todo.
Hasta el café.
Porque, por lo visto, últimamente también hay que justificar que una persona necesite desayunar.
1. ¡HE ENCONTRADO EL CHOLLO DE MI VIDA!
Imaginemos que llevas varias semanas buscando un coche.
Has mirado Mobile.de, AutoScout24 y prácticamente todos los concesionarios alemanes que aparecen en Google.
Y de repente...
¡BINGO!
Un Mercedes precioso.
Con muchos extras.
Un historial interesante.
Un precio aparentemente atractivo.
Y unas fotografías que hacen que te enamores inmediatamente.
«¡Este es! ¡Me voy a Alemania a por él!».
Perfecto.
Pero antes de emocionarte demasiado, recuerda algo: un precio anunciado no significa automáticamente que estemos ante una buena oportunidad.
Tenemos que comprobar la disponibilidad, hablar con el vendedor, verificar la documentación, conocer el historial, confirmar el régimen fiscal de la factura y valorar si realmente merece la pena desplazarnos.
Porque como llegues allí y descubras que el coche no está como esperabas, el supuesto chollo puede convertirse en unas vacaciones involuntarias.
Y unas vacaciones bastante caras.
Pero venga, imaginemos que todo parece correcto.
¡Nos vamos a Alemania!
2. Primera sorpresa: llegar al aeropuerto tampoco es gratis
Esta parte me hace especial gracia.
Cuando alguien calcula los gastos de importación, normalmente empieza por el billete de avión.
Pero yo siempre pienso:
¿Y CÓMO DEMONIOS HAS LLEGADO AL AEROPUERTO?
Porque salvo que vivas dentro de la terminal T1 de Barcelona, tendrás que desplazarte hasta allí.
Puedes llevar tu propio coche.
Perfecto.
Combustible.
Parking durante el viaje.
Y, si vas a recoger un vehículo y regresar conduciendo, tendrás que resolver cómo vuelve tu coche a casa.
Puedes coger un taxi.
Otro gasto.
Puedes utilizar transporte público.
También cuesta dinero y necesita tiempo.
O puedes llamar a tu padre, a tu pareja o a un amigo.
«Oye, ¿me llevas mañana al aeropuerto a las cuatro de la madrugada?».
«Claro, hombre».
¡Estupendo! ¡Transporte gratuito!
Bueno, gratuito para ti.
Porque tu amigo tiene que levantarse, vestirse, gastar combustible y perder parte de su mañana para hacerte el favor.
Que algo no aparezca en una factura no significa que no tenga un coste para alguien.
Pero sigamos.
Todavía no hemos salido de España y ya hemos empezado a gastar.
3. El maravilloso billete de avión de 39,99 euros
¡Qué alegría!
Has encontrado un vuelo a Düsseldorf por 39,99 euros.
¡Menudo negocio!
Entras a reservar.
¿Quieres escoger asiento?
Suplemento.
¿Quieres llevar equipaje adicional?
Suplemento.
¿Quieres embarque prioritario?
Suplemento.
¿Quieres mayor flexibilidad por si cambia la fecha de recogida?
Más dinero.
Evidentemente, algunos extras son opcionales y puedes viajar sin ellos.
Pero el precio final de muchos vuelos acaba siendo superior al que inicialmente aparece anunciado.
Y tampoco todos los aeropuertos están a la misma distancia del vendedor.
A veces el vuelo más barato te deja a 200 kilómetros del coche.
¡Felicidades!
Has ahorrado 35 euros en el avión y ahora necesitas invertir medio día y bastante dinero en llegar a tu destino.
Pero bueno, ¡seguimos liderando el campeonato del ahorro!
4. Son las cinco de la mañana. ¿Se puede desayunar o está prohibido?
Nos hemos levantado a las tres y media.
Hemos llegado al aeropuerto.
Hemos pasado el control de seguridad.
Y resulta que son las seis de la mañana.
Tengo hambre.
¿Me puedo tomar un café y un bocadillo?
¿O eso ya se considera un gasto excesivo?
Porque algunos presupuestos de importación parecen confeccionados para personas que funcionan con energía solar.
Ni desayunan.
Ni comen.
Ni cenan.
Ni necesitan ir al baño.
¡Una maravilla!
Yo personalmente tengo una filosofía bastante sencilla.
Cuando salgo a trabajar, necesito alimentarme, descansar y estar en condiciones de hacer bien mi trabajo.
No digo que haya que desayunar caviar ni comer en un restaurante de lujo.
Pero tampoco entiendo esa competición permanente por ver quién consigue sobrevivir con una botella de agua y un paquete de galletas durante dos días.
Y atención, que todavía no hemos llegado a Alemania.
5. ¡BIENVENIDO A ALEMANIA! ¿Y AHORA DÓNDE ESTÁ EL COCHE?
Aterrizamos.
Salimos del aeropuerto.
Y nuestro maravilloso coche está a 140 kilómetros.
«Bueno, llamamos al vendedor para que nos venga a recoger».
¡Ah, claro!
Porque todos los concesionarios alemanes tienen un departamento especial dedicado a recoger españoles en el aeropuerto.
¡Incluso te esperan con una pancarta y una banda de música!
Pues no.
Algunos vendedores ofrecen ese servicio.
Otros pueden recogerte en una estación cercana.
Y otros sencillamente te facilitan su dirección.
Y tú te organizas.
Taxi.
Trenes.
Transbordos.
Autobuses.
Y, dependiendo de dónde esté el establecimiento, una buena caminata.
En uno de mis viajes recientes tuve que desplazarme desde Düsseldorf hacia la zona de Nordhorn, combinando varios trenes y coordinando la recogida con el vendedor.
El billete ferroviario me costó 51 euros.
Y eso sin contar el tiempo invertido.
Porque Alemania tiene una excelente red ferroviaria en muchos corredores, pero eso no significa que todos los concesionarios estén junto a la estación principal.
A veces la última parte del recorrido es la más incómoda.
Especialmente cuando llevas horas viajando, estás cansado y todavía tienes pendiente revisar el coche que quieres comprar.
Y aquí aparece una cuestión importante:
Hasta este momento no hemos comprado absolutamente nada.
Si el vehículo no nos convence, tendremos que decidir si buscamos otra unidad, reorganizamos el viaje o regresamos sin coche.
Los gastos de desplazamiento no desaparecen porque hayamos decidido no comprar.
6. Llega el momento de revisar el coche: aquí no valen las prisas
Por fin llegamos al concesionario.
¡Ahí está!
Nuestro precioso Mercedes.
Limpio.
Brillante.
Con sus llantas espectaculares.
Y el vendedor esperando.
Pero antes de darle el dinero, hay que comprobar que realmente es el vehículo que nos han anunciado.
Documentación.
Número de bastidor.
Historial de mantenimiento.
Estado de la carrocería.
Neumáticos.
Frenos.
Funcionamiento de los equipamientos.
Posibles fugas.
Testigos de avería.
Prueba de conducción.
Y, cuando procede, una diagnosis o inspección técnica más detallada.
Porque hemos recorrido media Europa para comprar un coche, no para hacernos una fotografía delante de él.
El problema es que algunas personas confunden llegar hasta allí con estar obligadas a comprar.
«Bueno, ya que he venido...».
¡ERROR!
Si el coche no está como debería, lo profesional es saber decir que no.
Aunque hayamos gastado dinero en el viaje.
Aunque perdamos el vuelo.
Aunque tengamos que regresar con las manos vacías.
Lo que no podemos hacer es comprar un problema para justificar los gastos del desplazamiento.
Y aquí hay otro coste que casi nadie menciona: el trabajo previo de búsqueda, llamadas, correos, comprobaciones y organización.
Todo eso también lleva horas.
Pero sigamos.
Imaginemos que el vehículo es exactamente lo que esperábamos.
Pagamos.
Firmamos.
Y ahora sí.
¡EMPIEZA LA VERDADERA IMPORTACIÓN!
7. Las placas alemanas de exportación: otra factura que no se paga sola
Antes de salir tranquilamente hacia España, tenemos que asegurarnos de que el vehículo puede circular legalmente durante todo el trayecto.
Y para eso, cuando corresponde, necesitamos las placas alemanas de exportación, su seguro y la documentación adecuada.
Las conocidas placas con franja roja, Ausfuhrkennzeichen, están destinadas a la exportación permanente.
El ADAC alemán explica que su tramitación implica gastos administrativos, fabricación de las placas, seguro y el impuesto alemán correspondiente. También recuerda que las placas temporales alemanas con franja amarilla no deben confundirse con una solución universal para exportar vehículos a otros países.
¿Son gratuitas?
Evidentemente no.
¿El vendedor puede incluirlas en el precio?
En ocasiones sí.
¿Y si no están incluidas?
Pues hay que pagarlas.
Y, dependiendo de los trámites y de si hay que desplazarse a una oficina de matriculación, también podemos perder un tiempo precioso.
Ah, y una cosa importante: conviene comprobar exactamente qué cobertura ofrece el seguro temporal.
Porque llevar un coche de varias decenas de miles de euros por Europa no es una cuestión para tomarse a la ligera.
8. Primera parada: la gasolinera. ¡Sorpresa, el coche viene sin depósito gratis!
Nos entregan las llaves.
Nos sentamos.
Configuramos el navegador.
Y miramos la aguja del combustible.
Media reserva.
Un cuarto.
O directamente el testigo encendido.
Fantástico.
¡A buscar una gasolinera!
Y entonces descubrimos que el combustible también cuesta dinero en Alemania.
Y en Francia.
Y en España.
Y que los precios varían según el país, la estación de servicio y especialmente si repostamos en una autopista.
Un coche que consume seis litros cada cien kilómetros necesitará aproximadamente 90 litros para recorrer 1.500 kilómetros.
Y eso suponiendo que realmente consuma seis litros.
Porque una autocaravana, un SUV potente o un vehículo cargado pueden consumir bastante más.
Además, no siempre conducimos en las condiciones ideales.
Hay atascos.
Desvíos.
Obras.
Lluvia.
Montañas.
Y momentos en los que el consumo real se aleja de las cifras homologadas.
El combustible no se calcula con lo que nos gustaría que consumiera el coche, sino con lo que realmente necesita para llegar a casa.
9. El AdBlue, los aditivos y las pequeñas cosas que también suman
En mis viajes hay algunos gastos adicionales que suelo asumir dependiendo del vehículo.
Por ejemplo, cuando recojo determinados diésel modernos, me gusta comprobar el nivel de AdBlue y, si es necesario, rellenarlo.
También utilizo en ocasiones productos anticristalización para el sistema de AdBlue y determinados aditivos destinados a distintos componentes del sistema de combustible o emisiones.
¿Significa que todos los coches necesitan esos productos?
No.
Y conviene dejarlo claro: cualquier aditivo debe ser compatible con el vehículo y las especificaciones del fabricante. No sustituye un mantenimiento correcto ni repara una avería existente. Algunos fabricantes desaconsejan añadir productos al depósito de AdBlue.
Pero en los vehículos donde corresponde utilizar determinados productos, esos materiales también tienen un coste.
Un envase por aquí.
Un bote por allá.
Un líquido que falta.
Un pequeño consumible.
Y seguimos sumando.
Porque no todo son billetes de avión y gasolina.
10. Llevamos horas conduciendo. ¿Podemos parar a tomar algo?
Ya hemos salido de Alemania.
Llevamos varios cientos de kilómetros.
Y llega ese momento en el que la espalda empieza a quejarse.
Necesitas estirar las piernas.
Tomarte una Coca-Cola.
Un café.
Un Red Bull.
Ir al baño.
O descansar un rato.
Y aquí viene otra pregunta para los campeones del ahorro.
¿Paramos o seguimos hasta que se nos quede la forma del asiento marcada en la espalda?
Yo prefiero parar.
Porque después de un vuelo, varios trenes, una negociación y cientos de kilómetros, conducir cansado no es ninguna demostración de profesionalidad.
La DGT recomienda descansar aproximadamente cada dos horas o 200 kilómetros y prestar especial atención a la somnolencia y la fatiga.
Y eso no es un lujo.
Es seguridad.
Además, conviene recordar algo que a veces olvidamos.
Estamos transportando un coche de bastante valor económico.
Y nuestra obligación es hacerlo con responsabilidad.
Dormir poco, comer mal y conducir agotados para ahorrarnos unos euros no me parece una estrategia especialmente inteligente.
Por cierto, si alguien fuma, probablemente aprovechará alguna parada para hacerlo.
Yo no fumo, pero estirar las piernas y tomar algo también forma parte de mis viajes.
Y sí, ese café se paga.
11. ¡LAS DOS DE LA TARDE! ¡HORA DE COMER!
Esta parte es una de mis favoritas.
Porque parece que existe una especie de competición entre importadores para descubrir quién puede pasar más horas sin comer.
«Yo me compré un sándwich en una gasolinera».
«Pues yo solamente una bolsa de patatas».
«¡Pues yo no comí nada hasta llegar a España!».
¡Enhorabuena, campeón!
Yo, personalmente, cuando estoy trabajando y llega la hora de comer, prefiero sentarme a comer decentemente.
Un menú.
Un buffet.
Un restaurante de carretera.
Algo razonable.
No necesito un establecimiento con estrellas Michelin.
Pero tampoco quiero pasarme dos días alimentándome exclusivamente de sándwiches envasados.
Y es que además hay una cosa que me resulta curiosa.
A veces un sándwich de gasolinera cuesta seis o siete euros.
Le añades una bebida.
Quizás un café.
Y cuando te das cuenta has gastado una cantidad considerable por comer deprisa y sin disfrutar demasiado.
Mientras tanto, puedes encontrar establecimientos donde comer un plato caliente por una diferencia razonable.
No siempre, evidentemente.
Pero yo prefiero buscar esa opción.
No se trata de derrochar. Se trata de trabajar en condiciones normales.
Y si alguien quiere comer bocadillos durante tres días para ahorrar dinero, perfecto.
Es su decisión.
Lo que no entiendo es que esa manera de viajar deba convertirse en el modelo económico que determine cuánto vale el trabajo de todos los demás.
12. Llega la noche. ¡Ahora toca dormir!
Después de un día larguísimo, llega una de las decisiones más importantes del viaje.
Buscar un hotel.
Y aquí entra nuestro amigo Ezequiel.
«¡Hombre, pero si puedes dormir en el coche!».
Por supuesto, Ezequiel.
También puedo dormir en un banco del parque.
O bajo un puente.
Pero resulta que estoy realizando un trabajo profesional.
Y necesito descansar.
Ducharme.
Cambiarme de ropa.
Dormir en una cama.
Y levantarme al día siguiente en condiciones de seguir conduciendo.
En mis viajes suelo buscar hoteles prácticos, con aparcamiento, buena ubicación y un precio razonable.
Y cuando llego, me gusta ducharme, cenar y desconectar un rato.
Incluso llevo un dispositivo para poder ver la televisión española o alguna plataforma de entretenimiento.
¡Qué barbaridad!
¡Un importador viendo la televisión después de trabajar!
¡Que alguien llame inmediatamente al Ministerio de Economía!
Fuera de bromas, descansar adecuadamente tiene una relación directa con la seguridad de la conducción.
Un hotel no es necesariamente un capricho.
En viajes largos puede ser una necesidad.
Y su coste forma parte de la operación.
13. Buenos días, Francia. ¡Vamos a seguir gastando!
Nos despertamos.
Nos duchamos.
Recogemos.
Y ahora viene una actividad que parece haberse convertido en un pecado económico.
DESAYUNAR.
Sí.
Otra vez.
Porque el cuerpo humano tiene esa manía absurda de necesitar alimentarse todos los días.
Terminamos el desayuno.
Arrancamos el coche.
Y seguimos hacia España.
Entramos en Francia.
¡Qué bien!
Autopistas.
Buenas carreteras en muchos tramos.
Áreas de servicio.
Y una maravillosa colección de peajes.
Porque, dependiendo de la ruta elegida, atravesar Francia puede suponer una partida importante.
Algunos importadores prefieren evitar determinadas autopistas para ahorrar dinero.
Perfectamente respetable.
Pero hay que valorar la distancia adicional, el tiempo, el combustible y el cansancio.
A veces lo barato sale más caro.
Y otras veces una ruta alternativa puede ser realmente interesante.
La cuestión es calcularlo.
No improvisarlo todo únicamente para presumir de haber pagado pocos peajes.
Y mientras tanto...
Más combustible.
Más descansos.
Más kilómetros.
Más tiempo de trabajo.
Y, sorpresa, vuelve a llegar la hora de comer.
¡Qué pesados somos los seres humanos con eso de alimentarnos!
14. El viaje que sobre el papel dura 14 horas… y en la realidad puede ser una odisea
Las aplicaciones de navegación son herramientas extraordinarias.
Introduces el destino.
Te calcula la ruta.
Y aparece:
«Tiempo estimado: 13 horas y 45 minutos».
¡Perfecto!
Pues nada, salimos ahora y a las diez estamos en casa.
¿Seguro?
Porque ese tiempo puede cambiar por un atasco, una obra, un accidente, mal tiempo o un cierre de carretera.
Quien haya atravesado determinadas zonas de Francia conoce perfectamente el problema.
Por ejemplo, Lyon.
¡Ay, Lyon!
Esa maravillosa ciudad que, según la hora y el tráfico, puede transformar una ruta perfectamente planificada en una colección interminable de luces de freno.
En uno de mis últimos viajes llegué a sufrir un atasco de aproximadamente una hora y cincuenta minutos por la zona.
Y durante ese tiempo no estás descansando en un hotel.
No estás en tu casa.
No estás atendiendo tranquilamente tu negocio.
Estás dentro de un vehículo, perdiendo tiempo, consumiendo recursos y acumulando cansancio.
El tiempo también tiene un precio, aunque el navegador no lo incluya en el presupuesto.
Y cuanto más largo sea el viaje, mayor es la posibilidad de encontrarnos algún imprevisto.
Por eso un presupuesto profesional debe contemplar cierto margen para incidencias.
Porque Europa no es una pista de Scalextric.
15. ¡POR FIN EN ESPAÑA! ¿YA HEMOS TERMINADO DE GASTAR?
¡Hemos llegado!
Después de aviones, trenes, hoteles, comidas, peajes, combustible y una buena colección de kilómetros.
Por fin tenemos el coche en España.
¡Enhorabuena!
Ahora sí que hemos terminado.
¿Verdad?
¡PUES NO, SEÑORES! AHORA EMPIEZA LA SEGUNDA PARTE DE LA FIESTA.
Porque haber conseguido traer físicamente un vehículo desde Alemania no significa que ya esté listo para entregarlo a su propietario.
Todavía queda bastante trabajo.
Y, por supuesto, más gastos.
La documentación técnica
Antes de matricular el vehículo tenemos que disponer de la documentación técnica adecuada.
Según el caso, podemos necesitar el certificado de conformidad europeo, conocido como COC, o la correspondiente ficha reducida.
Si falta documentación, hay errores o necesitamos realizar alguna gestión adicional, toca invertir tiempo y dinero para solucionarlo.
La ITV de importación
El vehículo debe superar la inspección correspondiente para obtener la ficha técnica española.
Y esa inspección se paga.
Además, hay que pedir cita, organizar el desplazamiento y presentar correctamente la documentación.
La DGT confirma que los vehículos procedentes de la Unión Europea requieren estos trámites antes de obtener su matriculación definitiva española.
¿Y qué ocurre si surge una incidencia documental?
Pues que puede tocar volver otro día.
Más tiempo.
Más gestiones.
Y, en determinados casos, gastos adicionales.
Los impuestos
Tenemos el Impuesto sobre Vehículos de Tracción Mecánica, el conocido impuesto municipal de circulación.
También debemos tramitar el impuesto de matriculación cuando corresponda, aunque determinados vehículos pueden quedar sujetos a un importe cero o beneficiarse de un supuesto legal de exención o no sujeción.
Y no olvidemos el tratamiento fiscal de la propia compra, que puede variar según quién compra, quién vende y el régimen de facturación.
No es lo mismo una factura intracomunitaria en régimen general que una operación en régimen especial de bienes usados o una compra a un particular.
La Agencia Tributaria establece tratamientos distintos según las características de la operación.
La gestoría
Porque muchos profesionales recurrimos a una gestoría para tramitar correctamente la documentación.
Y la gestoría, como cualquier empresa, también cobra por sus servicios.
No trabaja por amor al arte.
La DGT y las matrículas
Una vez solucionado todo, toca matricular.
La tasa ordinaria 1.1 de matriculación de la DGT figura actualmente en 99,77 euros.
Y después hay que fabricar las placas físicas y colocarlas.
Son otros gastos.
Quizá no sean los más importantes de toda la operación.
Pero están ahí.
Y cuando los sumas a todo lo anterior, la cuenta sigue aumentando.
16. ¡Y AHORA HAY QUE QUITARLE EL OLOR A HUMANIDAD!
Esta parte también tiene su gracia.
Después de recorrer 1.500 kilómetros, parar en gasolineras, comer, beber, entrar y salir del coche y pasar muchas horas sentado...
El vehículo no llega precisamente en condiciones de exposición.
Tiene insectos en el frontal.
Suciedad de carretera.
Llantas que necesitan limpieza.
Cristales marcados.
Y un interior que ha pasado muchas horas acompañando a su nuevo conductor.
Vamos, que necesita una buena limpieza.
¡QUE HAY QUE QUITARLE EL OLOR A HUMANIDAD!
¡JA, JA, JA!
Y ahora aparece otra factura.
Limpieza exterior.
Aspirado.
Cristales.
Plásticos.
Alfombrillas.
Y, dependiendo de cómo llegue el vehículo, una preparación más detallada.
Porque en GUVI Motors no queremos entregar un coche con los restos de nuestro viaje.
Queremos entregarlo limpio y presentable.
¿O también vamos a competir por quién consigue entregar un coche sin lavarlo?
«Mira, me ahorré 30 euros en la limpieza. Si quieres, te regalo los mosquitos alemanes pegados al paragolpes».
¡Hombre, por favor!
17. La revisión antes de entregarlo: otra cosa que algunos olvidan
Y ahora llegamos a un asunto especialmente importante.
La preparación mecánica.
Porque no basta con comprar un coche, traerlo a España, lavarlo y ponerle una matrícula.
En GUVI Motors queremos comprobar su estado antes de la entrega y realizar las operaciones de preparación que correspondan.
Eso puede incluir, según el vehículo:
- Inspección de frenos, neumáticos, suspensión, dirección y posibles fugas.
- Comprobación de niveles, líquidos y consumibles.
- Diagnosis electrónica y revisión de sistemas.
- Operaciones de mantenimiento pendientes o recomendables.
- Sustitución de componentes que presenten defectos.
- Comprobaciones de funcionamiento y prueba final.
Cada vehículo es diferente.
Algunos necesitan pocas intervenciones.
Otros pueden necesitar una inversión considerable.
Y aquí hay algo fundamental.
Los recambios no son gratis, el elevador no funciona con aire y el mecánico tiene derecho a cobrar por su trabajo.
Si hay que sustituir unos neumáticos, se pagan.
Si necesita un mantenimiento, se paga.
Si aparece una avería que debe solucionarse antes de venderlo, se repara.
Y si una reparación no resulta económicamente razonable, habrá que reconsiderar la operación.
Porque una empresa profesional debe tener en cuenta esos riesgos incluso antes de comprar.
Y para eso necesita margen económico.
No para hacerse millonaria con cada coche.
Sino para poder responder cuando las cosas no salen exactamente como estaban previstas.
18. LA GARANTÍA: ESE PEQUEÑO DETALLE QUE PARECE QUE NADIE QUIERE PAGAR
Otro de los conceptos que muchas veces desaparece misteriosamente de las comparaciones de precios.
La garantía.
Cuando un profesional vende un vehículo usado a un consumidor, asume obligaciones legales por las faltas de conformidad que correspondan.
En España, en la compraventa profesional de bienes usados, puede pactarse un plazo de responsabilidad inferior al general de tres años, pero nunca menor de un año.
Y esa responsabilidad tiene un valor económico.
Porque un vehículo usado puede sufrir una avería después de su entrega.
Aunque se haya revisado.
Aunque se encuentre en buen estado.
Aunque el vendedor haya actuado correctamente.
Y habrá que analizar si esa incidencia entra dentro de la responsabilidad legal del vendedor.
En su caso, también habrá que atenderla.
Diagnóstico.
Transporte cuando corresponda.
Recambios.
Mano de obra.
Gestión.
Tiempo.
Y aquí viene la pregunta:
¿De dónde sale el dinero para hacer frente a esas obligaciones si hemos vendido el coche prácticamente al mismo precio que nos costó traerlo?
Ahí está la cuestión.
Una empresa necesita obtener un margen comercial que le permita mantener su actividad y responder ante posibles incidencias.
Eso no es abusar del cliente.
Es gestionar una empresa.
19. ¿Y QUIÉN PAGA LAS HORAS DE TRABAJO?
Este capítulo podría terminar aquí.
Pero nos falta uno de los gastos más olvidados de todos.
EL TIEMPO.
Porque resulta que durante todo este viaje alguien ha estado trabajando.
Antes de subir al avión, ha dedicado horas a buscar vehículos, comparar opciones y contactar con vendedores.
Después ha organizado el desplazamiento.
Ha viajado.
Ha comprobado el coche.
Ha negociado.
Ha realizado la compra.
Ha conducido durante cientos o miles de kilómetros.
Ha preparado la documentación.
Ha organizado la ITV.
Ha coordinado la gestoría.
Ha llevado el coche a revisar.
Y finalmente se ha ocupado de entregarlo.
Todo eso son horas de trabajo.
¿Y cuánto vale una hora de trabajo?
Depende de la empresa, de sus costes, de su organización y de las responsabilidades que asuma.
Pero desde luego no vale cero.
Además, durante esos días el profesional no puede dedicar el mismo tiempo a otras operaciones.
Y su empresa continúa soportando gastos.
Alquiler de instalaciones.
Seguros.
Telefonía.
Publicidad.
Página web.
Suministros.
Asesoría.
Obligaciones fiscales.
Herramientas.
Y una lista bastante larga de gastos que no desaparecen porque el propietario esté atravesando Francia con un coche.
Una empresa sigue costando dinero incluso cuando su responsable está fuera comprando mercancía.
Y eso también forma parte de cualquier actividad profesional.
20. VAMOS A PONERLE NÚMEROS A LA AVENTURA
Hasta ahora hemos hablado de gastos, pero vamos a hacer algo todavía más interesante.
Vamos a preparar un presupuesto ilustrativo.
Imaginemos una importación desde el sur o centro de Alemania hasta Barcelona, con un recorrido de aproximadamente 1.400–1.600 kilómetros, una persona viajando y una noche de hotel.
No son tarifas oficiales ni un presupuesto cerrado de GUVI Motors. Son cantidades orientativas para visualizar dónde se va el dinero.
Concepto — Ejemplo de coste
Desplazamiento al aeropuerto — 45 €
Vuelo y posibles suplementos — 130 €
Desayuno y gastos de aeropuerto — 15 €
Trenes, taxi y desplazamientos en Alemania — 85 €
Comida del primer día — 25 €
Placas alemanas, seguro y trámites de exportación — 180 €
Combustible del viaje — 185 €
AdBlue y consumibles, si corresponden — 35 €
Hotel — 85 €
Cena — 25 €
Desayuno del segundo día — 15 €
Comida durante el regreso — 25 €
Bebidas, cafés y pequeños gastos — 30 €
Peajes — 95 €
Limpieza y preparación estética básica — 55 €
Documentación técnica / ficha reducida, si procede — 100 €
ITV de importación — 150 €
Gestoría — 180 €
Tasa de matriculación DGT — 99,77 €
Placas españolas — 30 €
Combustible y movimientos para trámites — 25 €
Provisión para revisión y preparación mecánica — 350 €
Total ilustrativo — 2.064,77 €
Y atención: esta suma no incluye el precio de compra del vehículo, su posible impuesto de matriculación, el impuesto municipal, la fiscalidad propia de la operación, reparaciones extraordinarias, el coste del tiempo de trabajo ni una provisión económica específica para responder a la garantía.
Tampoco contempla una segunda noche de hotel, desviaciones importantes o la necesidad de regresar sin comprar el vehículo.
¿Que hay personas capaces de realizar el mismo viaje por bastante menos?
Por supuesto.
¿Que otras importaciones pueden costar bastante más?
También.
La distancia, el vehículo, el consumo, la temporada, las rutas y las gestiones pueden cambiar radicalmente el resultado.
Lo importante no es que todas las operaciones cuesten 2.064,77 euros. Lo importante es comprender que existe una larga lista de gastos reales detrás del precio final.
Y ahora, después de ver las cifras, imaginemos al típico comprador que descubre un Audi en Alemania anunciado por 20.000 euros y pregunta:
«¿Y por qué me lo vendes en España por 24.000? ¡Te estás ganando cuatro mil euros!».
¡Hombre, pues no exactamente!
Porque una cosa es la diferencia entre el precio de adquisición y el precio de venta.
Y otra muy distinta es el beneficio de la operación después de descontar los costes y considerar correctamente los impuestos.
Facturación no es beneficio. Diferencia de precios no es beneficio neto. Y margen comercial no significa dinero limpio al bolsillo.
Conviene tenerlo muy presente.
21. EL CUÑADO EZEQUIEL NOS PRESENTA SU PRESUPUESTO
Y ahora llega nuestro querido Ezequiel.
Ha escuchado toda la explicación.
Ha visto los gastos.
Ha observado los números.
Y tiene algo que decir.
«¡Pues yo tengo un amigo que trae coches de Alemania por 500 euros!».
¡Hombre, Ezequiel! ¡Qué alegría volver a verte!
Vamos a hacerle unas preguntas a tu amigo.
¿Esos 500 euros incluyen el avión?
«Bueno, no».
¿Incluyen las placas alemanas?
«Eso lo paga el comprador».
¿Incluyen el combustible?
«No, eso va aparte».
¿Y los peajes?
«Tampoco».
¿El hotel?
«Se lo paga él».
¿La ITV?
«Eso tampoco».
¿La matriculación?
«La gestiona el cliente».
¿La revisión del coche?
«Eso ya depende».
¿Y la garantía?
«¡Hombre, es que él solo hace de intermediario!».
¡AHHHHH!
¡PUES HABER EMPEZADO POR AHÍ, EZEQUIEL!
Resulta que no estábamos comparando dos servicios iguales.
Uno cobra por localizar un coche y facilitar una operación.
El otro compra el vehículo con su propio capital, asume la importación, realiza las gestiones, lo prepara, lo matricula y responde como vendedor profesional.
Son modelos de negocio diferentes.
Y ambos pueden ser perfectamente legítimos siempre que se explique con transparencia qué incluye el precio, quién realiza realmente la compraventa y qué responsabilidades asume cada parte.
El problema aparece cuando alguien anuncia:
«Te importamos el coche por 500 euros».
Y después empiezan los pequeños detalles.
«Eso no está incluido».
«Eso tampoco».
«Eso lo pagas tú».
«Eso lo tienes que gestionar por tu cuenta».
Y al final descubres que aquellos 500 euros eran solamente el principio.
Un presupuesto barato no siempre es una operación barata. A veces simplemente es un presupuesto incompleto.
22. EN GUVI MOTORS NO COMPETIMOS POR VER QUIÉN PASA MÁS HAMBRE
Y aquí quiero explicar nuestra filosofía.
En GUVI Motors no pretendemos ganar ningún campeonato de supervivencia cruzando Europa.
No creemos que dormir poco, comer mal o eliminar gastos necesarios nos convierta en mejores profesionales.
Creemos que un buen profesional debe trabajar con responsabilidad.
Y eso significa seleccionar vehículos adecuados, comprobar su estado, organizar correctamente la compra, planificar el transporte y gestionar los trámites.
También significa descansar cuando es necesario.
Comer cuando corresponde.
No conducir agotado.
Y no comprometer la calidad de una operación por ahorrarse una cantidad insignificante respecto al valor del vehículo.
Pero hay otra diferencia importante.
GUVI Motors no se limita a localizar un coche y cobrar una comisión.
Nuestra empresa realiza las adquisiciones utilizando su propio capital.
Asumimos la inversión económica.
Organizamos el desplazamiento y la importación.
Gestionamos los trámites.
Preparamos el vehículo.
Y lo entregamos en España con la correspondiente garantía legal.
El cliente no necesita enviar el importe completo del vehículo a un vendedor extranjero para después organizar por su cuenta todo el proceso.
Y esto tiene un valor.
Porque una operación de importación no consiste solamente en mover un coche de un país a otro.
Consiste en coordinar una compraventa internacional y asumir unas responsabilidades que van mucho más allá del viaje.
Y por supuesto que una empresa tiene que ganar dinero.
Igual que gana dinero un taller.
Igual que gana dinero una gestoría.
Igual que gana dinero una compañía aérea.
Igual que gana dinero el hotel donde dormimos.
Nadie considera escandaloso que un hotel cobre por una habitación.
Pero parece que cuando un profesional de la automoción pretende cobrar por su trabajo, algunos descubren de repente que el beneficio empresarial es algo sospechoso.
¡Curiosa manera de entender la economía!
23. LA PREGUNTA NO ES CUÁNTO CUESTA TRAER EL COCHE. ES QUÉ INCLUYE EL PRECIO
Y esta es probablemente la conclusión más importante de todo el artículo.
Cuando quieras importar un vehículo desde Alemania, Francia, Bélgica, Países Bajos o cualquier otro país europeo, no te limites a preguntar:
«¿Cuánto me cobras por traerlo?».
Pregunta qué incluye exactamente el servicio.
Quién compra el vehículo.
A nombre de quién se emite la factura.
Quién asume el riesgo económico.
Qué ocurre si el coche no está como se anunció.
Quién se responsabiliza del transporte.
Qué documentación se incluye.
Quién paga la ITV y la matriculación.
Qué preparación mecánica se realiza.
Quién responde por la garantía legal.
Y cuándo tienes que realizar los pagos.
Porque dos presupuestos que aparentemente tienen una diferencia de 2.000 euros pueden estar ofreciendo servicios completamente distintos.
No se trata de elegir siempre el más caro.
Tampoco de desconfiar automáticamente del más barato.
Se trata de comparar lo que realmente estás contratando.
Igual que no compararías el precio de una habitación de hotel con el de un paquete de vacaciones completo.
Ambas opciones pueden tener sentido.
Pero no son lo mismo.
CONCLUSIÓN: EL COCHE NO VIENE VOLANDO DESDE ALEMANIA
La próxima vez que veas un coche anunciado en Alemania por 18.000 euros y encuentres uno parecido en España por 22.000, recuerda algo.
Esos 4.000 euros de diferencia no representan automáticamente el beneficio del vendedor.
Entre ambas cifras pueden existir gastos de viaje, combustible, alojamiento, peajes, documentación, impuestos, ITV, matriculación, preparación, garantías y muchas horas de trabajo.
También puede haber distintos regímenes fiscales y condiciones comerciales que cambien por completo la comparación.
Y, por supuesto, debe existir un margen que permita a la empresa continuar trabajando.
Porque los profesionales también tenemos facturas.
También pagamos impuestos.
También necesitamos comer.
También necesitamos descansar.
Y también tenemos familias que mantener.
No somos máquinas que funcionan con un billete de avión de 39 euros y un bocadillo de gasolinera.
Lo barato no siempre es malo.
Y lo caro no siempre es bueno.
Pero hay algo que debería quedar claro.
Trabajar bien tiene un coste. Trabajar con responsabilidad tiene un valor. Y asumir el riesgo económico de una operación no es lo mismo que limitarse a cobrar una comisión.
Por eso, antes de juzgar el precio de un coche importado, merece la pena conocer todo lo que ha ocurrido desde que alguien encontró aquel anuncio en Alemania hasta que el cliente recibió las llaves en España.
Porque entre esos dos momentos hay muchísimas cosas que no se ven.
Muchos kilómetros.
Muchas horas.
Muchas gestiones.
Y bastantes facturas.
Y ahora, si me permitís, voy a dejar de escribir.
Que después de tanto hablar de viajes me ha entrado hambre.
Me voy a comer.
¡Pero un menú, por favor!
Que ya tengo una edad para andar sobreviviendo a base de sándwiches de gasolinera.
Y si aparece Ezequiel y me dice que él come por tres euros...
¡LE INVITO A QUE SE COMA TAMBIÉN EL ENVOLTORIO, QUE ASÍ APROVECHA MÁS EL DINERO!
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